Dylanitas en Diario Sur

Con motivo del concierto de Bob Dylan en Fuengirola, el sábado, 4 de mayo de 2019, tuve el gran placer y honor de publicar una columna en la edición de papel del domingo del Diario Sur.

Aquí está.

TODOS CONTRA DYLAN

Todd Haynes necesitó a seis actores, incluyendo a un niño negro (Marcus Carl Franklin), que hablaba como un viejo vagabundo, y a una mujer (Cate Blanchett), que se comportaba como una estrella de rock excéntrica, para intentar clarificar la esquiva figura de Bob Dylan en la película I’m Not There. Y ninguno de ellos era Bob Dylan. O no del todo. Todos contra todos. Ninguno de los personajes encajaba en su entorno.

La sombra que proyecta el personaje es tan escurridiza que ni siquiera el propio Dylan, cuando escribe sus Crónicas. Volumen 1, es capaz de concretar la historia. La figura del cantante se mueve con los acontecimientos más relevantes del siglo XX. Ambiguo y trascendente, introdujo la política en el rock and roll. A partir de Dylan, las canciones ya no solo eran para bailar.

Es tan difícil concretar todo lo que ha ocurrido alrededor de Dylan que la mitología se ha hecho infinita, en parte porque el propio artista pone el mismo esfuerzo en potenciar, o no desmentir, referencias inventadas como en diluir las reales. Hombre y personaje en incansable huida.

Durante el bombardeo de preguntas de la famosa conferencia de prensa de 1965 de San Francisco, Dylan improvisa cada una de las respuestas con historias casi todas inventadas, al más puro estilo beat, como si hiciera escritura automática en voz alta.

Desde el cambio de milenio, Dylan ha publicado ocho discos de estudio en los que el personaje ha mutado por enésima vez. ¿Quién es este crooner avejentado que parece sostener en su maltrecha garganta la historia entera de la música americana? Tal vez un espectador que desde una sombría esquina del pasado observa, entre preocupado y decepcionado, todo lo que ocurre. Cuando en 2001 recibió el Oscar a mejor canción por Things Have Change dijo en su discurso de agradecimiento que «no es una canción que vaya con rodeos o cierre los ojos a la naturaleza humana», refiriéndose a los horrores a los que la sociedad del nuevo siglo se había acostumbrado.

Dylan bajo el foco, escudriñado, la voz rota de la conciencia de sí mismo, defiende unos versos rotundos que están grabados en la vida de millones de personas que buscan en ellos los recuerdos de otros tiempos. Todos contra Dylan. Dylan contra Dylan. Una vez más.

Quiero aprovechar para agradecer a mi hermano Vicente por sus siempre certeras contribuciones.

 

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