El It’s All Over Now, Baby Blues de la Chris Robinson Brotherhood

«It’s All Over Now, Baby Blue» es una de esas canciones de Bob Dylan que esconden un misterio profundo en su letra. ¿Quién es exactamente esa «Baby Blue»? Es una pregunta que los seguidores se han hecho durante décadas. Se ha especulado con Joan Baez, con Paul Clayton o incluso con el propio público del folk que Dylan estaba a punto de dejar atrás.

Dylan, fiel a su estilo, nunca llegó a resolver el enigma de forma clara. Sin embargo, en alguna ocasión dejó caer una pista interesante. Llegó a contar que el personaje tenía relación con la canción «Baby Blue» del pionero del rock and roll Gene Vincent, uno de los ídolos de su juventud.

Más allá de quién inspiró estos versos de despedida, la canción posee una magia innegable. Esa mezcla de melancolía y cierre de ciclo la ha convertido en un imán irresistible para otros músicos. A lo largo de los años, ha sido interpretada por voces legendarias del rock y del folk. Hoy vamos a recordar algunas de esas versiones clásicas, pero pondremos el foco en una reinterpretación mucho más reciente y fascinante: la de la Chris Robinson Brotherhood.

El disco de la metamorfósis: Bringing It All Back Home

El contexto de esta pieza es clave para entender su peso en la historia. «It’s All Over Now, Baby Blue» vio la luz en marzo de 1965. Fue la canción elegida para cerrar el icónico álbum Bringing It All Back Home. Este disco supuso un auténtico terremoto en la carrera de Dylan y en la música popular.

El vinilo estaba dividido en dos mundos muy distintos. La primera cara era un estallido eléctrico y atrevido. La segunda cara ofrecía un formato acústico, más cercano a sus inicios. Y justo ahí, al final del viaje, sonaba «Baby Blue».

No era solo la última pista del disco. Era el cierre definitivo de una etapa vital. Dylan se estaba despidiendo del folk purista que lo había coronado hasta ese momento. Con los acordes finales de esta canción, dejaba atrás las expectativas ajenas y abría de par en par la puerta a su etapa más eléctrica y visionaria.

El cambio en las letras

Las letras de Dylan en 1965 dieron un giro radical. Atrás quedaban los mensajes directos de la canción protesta. La poesía tomó el protagonismo que Dylan buscaba en su música. Por aquella época, Dylan leía a los poetas simbolistas franceses con devoción. Arthur Rimbaud fue una de sus grandes obsesiones. Esa influencia empapa cada estrofa de «It’s All Over Now, Baby Blue».

La canción funciona como un poema surrealista. Las imágenes son crudas, extrañas y fascinantes. No hay una narración lineal. En su lugar, vemos escenas inconexas de un mundo que se derrumba. Un ejemplo perfecto es ese «huérfano con su arma» («Yonder stands your orphan with his gun»). Es una figura misteriosa, casi onírica, que llora como el fuego en el sol.

Otro verso que nos deja expectantes es el que hace referencia al «pintor con las manos vacías» que dibuja «patrones locos» en tus sábanas («The empty-handed painter from your streets / Is drawing crazy patterns on your sheets»). Es puro simbolismo. El caos invade la intimidad más absoluta. Las viejas reglas ya no sirven de nada.

Rimbaud hablaba de desordenar los sentidos para encontrar la verdad. Dylan hace algo muy parecido con el personaje de esta canción. Le advierte que su pequeño universo ha terminado. Todo lo que creía seguro se desvanece a su alrededor. La única salida es aceptar la derrota y avanzar. «Enciende otra cerilla, empieza de nuevo» («Strike another match, go start anew»). Un consejo implacable, pero profundamente poético.

Cuando Dylan conoció a Donovan

Hay un momento visual que define la fuerza de esta canción para siempre. Ocurrió en la primavera de 1965, en una habitación del Hotel Savoy de Londres. Todo fue capturado por el cineasta D.A. Pennebaker para el documental Don’t Look Back.

La prensa británica no paraba de vender al joven Donovan como «el Bob Dylan inglés». Dylan, consciente de esto, lo invitó a su habitación. El ambiente estaba cargado de tensión y expectación. Donovan tomó la guitarra y tocó una de sus canciones, «To Sing for You». Lo hizo bien. Pero entonces, Dylan le pidió la guitarra.

Podría haber elegido cualquier tema, pero tocó «It’s All Over Now, Baby Blue».

No fue una elección casual. Ver a Dylan cantando esos versos a escasos metros de Donovan es sobrecogedor. Sonaba como un dardo envenenado directo a la cara de su supuesto rival. Al cantarle sobre cielos que se hunden y mundos que terminan, Dylan desplegó toda su superioridad artística. Era una advertencia brutal, a la vez que hermosa. Sin decir una sola palabra fuera de la letra, el mensaje flotaba en el aire: el trono es mío y tu tiempo se ha acabado.

La versión de la Chris Robinson Brotherhood

«It’s All Over Now, Baby Blue» ha tenido muchas vidas. A lo largo de las décadas, gigantes de la música han dejado su huella en ella. La versión de Them, impulsada por un jovencísimo Van Morrison, es historia pura. The Byrds la envolvió en sus mágicas armonías vocales, y Grateful Dead la convirtió en un ritual fijo en sus interminables giras.

Sin embargo, hay una versión más reciente que me volvió loco cuando la escuché por primera vez. Me refiero a la sesión que grabó la Chris Robinson Brotherhood. En el año 2016, Chris Robinson y su nueva banda entraron en los estudios de Sirius XM en Nueva York. Allí, en directo para el programa Jam On, registraron una versión colosal de más de nueve minutos.

Lo más fascinante de esta cover es su dirección musical. La banda huye por completo del rasgueo acústico y veloz del Dylan de 1965. En su lugar, el estilo se asemeja mucho más a la famosa cover de The Animals. En los años 60, Eric Burdon y los suyos ya habían llevado la canción al terreno del blues-rock. Chris Robinson toma ese mismo camino oscuro y rítmico, pero lo baña de psicodelia y aire sureño con su voz característica.

En esta sesión, Robinson (voz y guitarra rítmica) está rodeado de un talento inmenso. Le acompañan músicos de la talla del añorado Neal Casal (fallecido en 2019) en la guitarra principal y Adam MacDougall en los teclados, respaldados por una base rítmica implacable al bajo y la batería.

A nivel armónico, la banda hace algo muy inteligente. En lugar de seguir la progresión rápida de acordes del folk original, deciden estirarlos. Crean un groove pesado, lento y magnético. Al darle tanto espacio a cada acorde, la canción respira de una forma nueva. Esto sirve de alfombra roja para que Neal Casal brille con unos punteos llenos de alma, y para que MacDougall lance un solo de sintetizador salvaje en medio del tema. Es una jam hipnótica que honra el misterio de la letra, pero con un latido musical totalmente distinto.

Si es la primera vez que la escuchas, te envidio, porque la primera vez que la escuché yo me hizo estremecer.


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