Las actuaciones de Bob Dylan en la televisión son escasas y muy pocas fueron tan legendarias y potentes como su primera aparición en el Late Night with David Letterman en marzo de 1984.
Infidels (octubre, 1983) significará el ansiado regreso de una versión de Bob Dylan que no veía el público desde finales de los 70. En este álbum vuelve un Dylan comprometido, con canciones que contienen unos mensajes afilados y de gran contenido político.
A pesar de que Dylan rara vez aparecía en televisión, para promocionar el nuevo disco se organizó, en marzo de 1984, una actuación en el programa de televisión nacional, Late Night with David Letterman, que para entonces ya llevaba dos temporadas en antena.
Lo que dejó a todo el mundo sorprendido fue la banda que acompañó a Dylan en el programa. Un trio de músicos jóvenes, relativamente desconocidos, que aparentemente les había presentado su hijo, Jacob hacía un año y con los que llevaba unos meses tocando en privado en su casa de Malibú. Se trataba del bajista Tony Marsico y el batería Charlie Quintana. Juntos habían formado unos años atrás la banda de punk chicano, The Plugz, luego conocidos como los Cruzados.
La historia de cómo sucedió todo está rodeado de muchos enigmas, como casi todo lo que tiene que ver con el mito de Dylan. Sin embargo, según relata el propio Marisco, Dylan llamó a Quintana (batería) y sin rodeos le preguntó si querían acompañarle en la actuación del programa de Letterman. Ellos accedieron sin pensarlo. Para acompañarlos invitaron al guitarrista J. J. Holiday.
La actuación en un canal nacional sería la única actuación de ese trio con Bob Dylan en directo. Interpretaron tres temas en directo: una versión del tema «Don’t Start Me Talking» del bluesman de Mississippi, Sonny Boy Williamson II; y dos temas del nuevo álbum: «Jokerman» y «License To Kill».
Don’t Start Me Talking
La introducción de David Letterman de la actuación ya anticipaba que lo que iba a ocurrir era algo grande. «Sin duda, este es un momento emocionante para nosotros. Mi primer invitado esta noche. Verdaderamente una leyenda del mundo de la música. Y estamos muy, muy contentos y encantados de que esté en nuestro programa. Se trata de su último disco titulado Infieles, un buen trabajo. Por favor, den la bienvenida a Bob Dylan».
Mientras el presentador aún estaba introduciendo la actuación ya se escuchaba de fondo la guitarra de J. J. Holiday afinar. Pero cuando este acabó la presentación, un arrollador muro de sonido se fundió con la ovación del público.
Dylan y The Plugz hacen una interpretación del blues clásico de Sonny Boy Williamson «Don’t Start Me Talking». Una interpretación vocal de Dylan gloriosa, recordando a los días de la Rolling Thunder Revue. Marisco y Holiday relataron en una entrevista posterior que «a Dylan le había entrado algo. Mucho punk. En aquel momento estaba The Clash y hablamos de ellos durante los ensayos».
Jokerman
El segundo tema de la actuación es uno de mis favorita de Bob Dylan: «Jokerman». Y esta probablemente sea una de las mejores interpretaciones que Dylan ha hecho del tema en directo. Lo verdaderamente apasionante de la versión es que el álbum y los temas estaban recién publicados y Dylan ya estaba haciendo de las suyas reinterpretándolos.
Esta versión del Jokerman llama la atención por su ritmo energético, sigue la secuencia de los acordes del tema original pero usando una progresión más roquera. Los arreglos de guitarra de J. J. Holiday en la Telecaster recuerdan precisamente a los grupos punk de esa época.
Dylan solamente cantará 3 versos de los 6 que tiene la letra original. En este punto de la actuación es donde se produce la anécdota más recordada: Dylan deja su Stratocaster para tocar la armónica. Dylan se gira al fondo del escenario para coger su armónica, sin embargo, el técnico le da una en el tono equivocado. Dylan sin absolutamente ningún aspavientos, se dirige a los músicos para decirles que sigan tocando hasta que este consigue la armónica correcta.
License To Kill
La versión de «License To Kill» de la actuación es probablemente la más maravillosa. Aunque mantiene un ritmo lento, sosegado, se nota la rabia característica de los acordes en la guitarra, el bajo y la batería. J. J. Holiday hace unos arreglos en la guitarra que le dan a la canción un carisma y una sonoridad brillantes.
La balada va cogiendo volumen e intensidad a medida que Dylan casi recita la letra hasta un punto en el que, de nuevo, se deshace de su Stratocaster y esta vez, sí, a la primera, da con la armónica que le facilita el técnico tras los amplificadores para soplar las últimas notas de una actuación que ocupará una parte muy especial en la basta historia del mito de Dylan. Especialmente, para estos tres músicos que tuvieron el privilegio de acompañar a Dylan en un directo en televisión nacional.
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